En el año 2008 entrevisté a Víctor Ortiz, cantante de Los Huracanes y Los Pantalones Azules, auténtico decano del pop valenciano. Aquella charla se publicó en el número de invierno de la revista Combustión y ahora vuelve a ver la luz en este blog, puesta al día. La recupero por su valor histórico y como rendido homenaje a un figura pionera de nuestra música.
Llevo meses dándole vueltas a la idea de hacer una entrevista a Víctor Ortiz. Para mí siempre es un privilegio escuchar hablar a alguien que hizo rock’n’roll en España, y más concretamente en Valencia, bastante antes de que Los Beatles existieran. Un auténtico pionero, un clásico indiscutible del rock valenciano y español, de la música pop cantada en castellano. Además, celebro haber podido disfrutar unos cuantos buenos momentos a su lado, musicales y de los otros.
Con la intención de repetir un buen rato de charla y dispuesto a enterarme mejor de su trayectoria y del ambiente musical de la Valencia de otra época, me planto en su casa. Víctor me invita amablemente a su «cuarto de los discos», decorado con posters de su etapa en Los Huracanes y fotos de sus colaboraciones musicales más recientes. Él se sirve un güisqui; yo prefiero cerveza. Me enseña un álbum de fotos antiguas. No hemos empezado todavía a grabar y ya está contando cosas interesantes. Vamos allá…
Entrevista con Víctor Ortiz, cantante de Los Huracanes y de Los Pantalones Azules
Estas dos guitarras Grestch de la foto las trajimos de Bélgica, porque el padre de Pascual era transportista y viajaba mucho al extranjero. El bajo que teníamos era un Burns, un bajo inglés que se compró en Valencia y más adelante se cambió por un Jazz Bass. Todo este material era carísimo, una barbaridad.
¿En qué tiendas de Valencia comprabais los instrumentos?
Había más tiendas, pero nosotros siempre íbamos a Musical Torres. Allí, por ejemplo, compramos los amplis Vox.
Vamos a hablar de tus inicios en la música. ¿Cómo te metiste en esto? ¿Tenías algún antecedente en la familia, alguien cercano que te introdujo?
No. Desde pequeñito me dio por escuchar la radio y cantar, lo que se oía entonces, canciones de Antonio Molina, de Antonio Machín… hasta que ya empezó a entrar un poco el rock. Lo primero que se escuchó fue Elvis Presley, que me llamó mucho la atención. A partir de entonces empecé a cantar más, hasta que vi una actuación del Dúo Dinámico en Barcelona, cuando empezaban, y me dije a mí mismo: «Yo quiero ser como estos tíos».
¿Cuántos años tenías?
Unos quince años. Ya ni pensaba en el trabajo ni en otra cosa. Resulta que entonces en Valencia los amigos organizábamos lo que en Madrid se conocía como guateques, que aquí se llamaban reuniones. Alquilabas el picú y los domingos a bailar, a restregar la cebolleta… Con el tiempo, un día, en una de esas reuniones, conocí a Tito Pemán, que tocaba la guitarra, y nos pusimos a cantar.
Él estudiaba en la Universidad y empecé a frecuentar el club universitario que había en la calle Comedias. Allí conocí a bastantes grupos, por ejemplo, a los 4Z y a Los Milos, que también empezaron allí. En el club universitario hacían festivales y nosotros participábamos como dúo. Por aquel entonces se organizó un gran festival de grupos universitarios en Barcelona y allá que nos fuimos. Iban grupos de toda España. Recuerdo que de Madrid fueron ese año Los Estudiantes, que tuvieron un éxito acojonante.
¿Os llamabais ya Los Pantalones Azules?
Bueno, el nombre original era Los Blue Jeans, pero al grabar resultaba más comercial poner Pantalones Azules. Por eso, el disco salió así: Los Pantalones Azules y debajo pone Blue jeans. Lo que pasa con las compañías de discos…
¿Cómo llegasteis a grabar?
Aquí en Valencia sólo estábamos Los Milos y nosotros. Ellos ya habían grabado varios discos con Discophon. Uno de los responsables de la compañía quiso hablar un día con nosotros. Necesitaban un dúo que le hiciera la competencia al Dúo Dinámico y a partir de ahí sacamos el disco y tuvimos algo de éxito. En Valencia el cotarro lo dominábamos entre Los Milos y nosotros.
¿Cuánto tiempo duraron Los Pantalones azules?
Dos, tres años como mucho, empezaría con 18 y hasta los 20 años. Después yo me fui a la mili y cuando regresé ya montamos Los Huracanes. Tito se marchó a Ibiza con un grupo a tocar, allí conoció una chica americana, se casó con ella y se fue a Estados Unidos. Bueno, esto es lo que me ha contado un amigo común, porque Tito y yo no nos hemos vuelto a ver desde entonces. Parece ser que, en su día, no le dejaron entrar en Estados Unidos; después, al tener un hijo con esta mujer ya le permitieron la entrada, pero nada más llegar se lo llevaron a Vietnam. No sé cuántos años estaría allí. Lo único que sé de él, por mediación de este amigo, es que hoy en día es un gran directivo del Chase Manhattan Bank. De Estados Unidos lo mandaron a Inglaterra y creo que me dijeron que era el Director Oficial de la delegación de Londres. Ya te digo que no lo he comprobado, que esto es lo que me han contado.
De todas formas, Tito y yo nos llevábamos muy mal. Éramos muy diferentes de carácter, no congeniábamos nada en absoluto. Teníamos diferentes maneras de ver las cosas y siempre estábamos discutiendo. Menos mal que sólo éramos dos… Me enteré hace años de que había estado por Valencia y le di un recado a este amigo para él, para ver si nos veíamos, que avisara cuando estuviera por aquí. Pero hasta la fecha, nada.
Quiero que me hables un poco del ambiente musical que había en Valencia en esos años. ¿Dónde tocabais? He leído que tocabais sobre todo en barracones, casales falleros, ya que no había salas de conciertos.
No, no había. Principalmente, se organizaban festivales los domingos por la mañana, sobre todo en teatros. Se hacían en el teatro Apolo, en el Principal, en el cine Colisseum de la calle Castellón, en el teatro Princesa… No había otra cosa y teníamos bastante público. Te hablo del principio, de los años 58 al 60.
Después, en la época de Los Huracanes, siguieron montándose festivales. Había una sala, la sala Erajoma, que estaba en la Gran Vía Germanías. Allí también tocábamos. En verano nos dedicábamos a hacer bolos por los pueblos, lo clásico. Las discotecas llegaron más tarde, empezaron cuando Los Huracanes ya llevábamos unos años. Tenían por norma alternar los discos con un grupo en directo.
Más o menos como ahora, ¿no?
Ahora hasta pagáis para alquilar la sala, no me lo explico. Eso antes no era así, cobrábamos siempre un caché fijo, pero las cosas han cambiado mucho.
¿Estabais al tanto de las novedades musicales, de los discos que editaban los grupos extranjeros de la época? ¿Dónde comprabais discos?
Comprábamos los discos en Almarche, que estaba en la calle San Vicente, y también en Viuda de Miguel Roca, en la plaza de la Virgen. La verdad es que llegaban muy pocos discos, pero nosotros teníamos un amigo, Alfonso Olcina, hijo de un armador de barcos que vivía en Inglaterra, que nos conseguía muchos discos. Por ejemplo, cuando Little Richard no se escuchaba todavía en España, nosotros ya lo oíamos. Lo mismo con los discos de Cliff Richard y otros. Gracias a este chaval estábamos más informados.
Aquí editaban sólo los grandes éxitos, por ejemplo, el «Please Please Me» de Los Beatles o «The House of the Rising Sun» de Los Animals… Editaban lo justo, llegaba poca música de fuera.

Disueltos Los Pantalones Azules, te vas a la mili. Me contabas que a la vuelta montasteis Los Huracanes. ¿Cómo fue?
Un día, estando yo en un festival en el Colegio de los Salesianos, en la Fonteta, vino un tío, que con el tiempo fue mi cuñado, Agustín Giménez, apodado «El patata», que tocaba en un grupo llamado Los Guanachés.
Al patata lo conocía mucha gente en el ámbito musical, porque tenía cierta idea de arreglar amplificadores e instrumentos. Luego estuvo trabajando en Musical Torres como técnico. El caso es que me dijo les hacía falta un cantante. Quedamos y me integré en un grupo con Casquel y Agustín «el patata», guitarra rítmica y primer bajista que tuvieron Los Huracanes, el «guana», guitarrista que luego estuvo tocando con Patzinger Z, un teclista que no recuerdo quién era y Alberto, que luego fue batería de Los Canarios. Los días que yo tenía libres de la mili quedábamos y montábamos algunas canciones. Este chaval, «el guana», tocaba muy bien la guitarra, pero le iba más la canción melódica italiana, baladas… A mí me gustaba escuchar a Renato Carosone, Marino Marini, etc., pero no me acababa de convencer, yo estaba más por el rock.
El grupo se deshizo y entonces Casquel y Agustín «el patata» promueven Los Huracanes. Se juntan con Julio Andreu, batería, el guitarrista José Miguel, y un gran pianista, Juan Roberto Martínez, que hoy en día vive en Suiza dando clases de música y tocando en un club de jazz. Y empezamos hacer canciones de Cliff Richard, también de Los Shadows…
¿Dónde ensayabais?
Ensayábamos en un estudio de la emisora La Voz de Levante, en la calle Colón. Lo teníamos gratis, con la condición de que si el programa requería que tocáramos en directo, de cara a la gente, teníamos que tocar. Entonces las emisoras eran grandes y permitían un pequeño aforo. En esta emisora estaba el locutor Julio Pla, ya fallecido. Él y Enrique Ginés eran los que movían todo lo relacionado con la música moderna en Valencia.
Supongo que poco a poco iría entrando y saliendo gente en el grupo hasta quedaros con una formación estable…
Sí. Pasó el tiempo, José Miguel y el patata se fueron y entró José Segura, «el malayo». Cogimos a Pascual Olivas, que venía de Los Top-Son, y ya con él en el grupo grabamos el primer disco con EMI. Aparte de mí, que era el cantante, la formación era ésta: José Casquel (guitarra), José Segura «el malayo» (bajo), Julio Andreu (batería) y Pascual Olivas (guitarra solista).
¿Cómo os llega el contrato con EMI?
A través de Enrique Ginés, que tenía muchos contactos con las discográficas. Nosotros éramos el grupo predilecto de la emisora de Enrique Ginés y empezamos a trabajar con él también como manager. Le pagábamos un 10% de nuestras ganancias. Él lo movía todo: promoción, búsqueda de actuaciones, contactos, etc.
¿Y dónde grababais los discos?
En Barcelona, en los estudios de La Voz de su Amo, los estudios de EMI/Regal, que era la etiqueta bajo la que salían nuestros discos.
¿Qué recuerdos tienes del álbum que sacasteis?
Nos lo propuso la casa de discos EMI/Regal. Lo grabamos allí donde te digo, en Barcelona, en la calle Muntaner. Lo grabamos todo en un día, en aquella época era así de divertido grabar, no recuerdo mucho más.
Es curioso, porque fuisteis de los primeros grupos españoles en grabar un disco de larga duración… Y además todo de material propio.
Sí, de hecho nosotros fuimos el segundo grupo español en grabar un Lp. Los primeros fueron Los Brincos y después se grabó el nuestro. A continuación ya llegaron los de Lone Star, Los Bravos, Pekenikes, etc.
¿Quién componía?
Principalmente componía Pascual Olivas. También hacía canciones Julio Andreu, aunque no tanto como Pascual. A veces componían juntos. Algunas letras las hacía yo. Canciones del álbum que sacamos, como «El Calor del verano» y «Esta tarde a las siete» las firman ellos dos. Yo intervine en otras, como «En tinieblas» y «Ocho días cayendo lluvia».
¿Alguna canción favorita de ese disco?
Todas, pero una de las canciones que más me han gustado siempre no está en este disco, la grabamos en un EP anterior. Es «Lo que tú me haces sentir».
Estamos en 1966. ¿Qué movimiento tenía un grupo como Los Huracanes? ¿Tocabais sólo en la zona de Valencia? ¿Salíais fuera?
No, viajábamos mucho. Hubo una temporada en que todos los fines de semana, sábado y domingo, tocábamos en Barcelona. Trabajábamos con Centaño, el mismo representante que llevaba a Lone Star, Los Mustang, Los Sirex, Los Salvajes… Tocábamos con todos ellos y con otros como Tony Ronald en festivales que se organizaban en Barcelona. Además, ensayábamos a diario. Por aquel entonces ya vivíamos exclusivamente de la música. Tuvimos otra temporada en la que, gracias a ir todo el invierno a Barcelona, nos salieron un montón de actuaciones en la Costa Brava. Ese verano tocamos todos los días en Calella, de lunes a viernes, y los fines de semana en otros pueblos de la Costa Brava.
Teníamos otro representante en Madrid, que cuando grabábamos algún disco nos buscaba actuaciones en Consulado y otras salas de allí. Pero en Madrid era difícil entrar. Los grupos madrileños tenían aquello muy copado.
Tendríais un directo curradísimo, tocando todos los días… He oído unas cuantas historias de este tipo sobre los grupos de los sesenta y cada vez alucino más.
Es que entonces había muchísimo trabajo para la gente que se dedicaba a la música. No es que se abriera camino todo el mundo, pero si despuntabas un poco, tenías faena. Ahora ha cambiado mucho el panorama. Hoy en día es muchísimo más jodido vivir de la música.
Cuéntame cómo era una actuación de Los Huracanes en esta época.
Solíamos tocar nuestro repertorio y después algunos temas de éxito, los más populares de aquella época. Por ejemplo, «Satisfaction», «La casa del Sol naciente»… A lo mejor ibas a sitios a tocar donde a Los Huracanes no los conocían y era una forma de contentar a la gente.
En cuanto a canciones propias de Los Huracanes, ¿cuáles fueron las más conocidas, las que tuvieron más repercusión? «El calcetín» es, quizá, por la que más se os conoce. La recuerdo de algún recopilatorio y también la versión que hizo Doctor Explosión.
Por citar las tres más famosas, «El calcetín», «En tinieblas» y «Días sin mañana», la adaptación al castellano de «Eve of Destruction» de Barry McGuire, original de P.F Sloan. Ésa salió en un EP antes que el álbum y pegó bastante.
¿Y os mantuvisteis así mucho tiempo, con esa marcha continua de bolos?
Sí, en plan bolos, sí. Con el tiempo, esta primera formación de Los Huracanes se deshizo y sólo quedamos Casquel y yo. Se imponía un cambio de estilo y, con la idea de acercarnos más al Soul, se nos unieron dos componentes de Los Protones, Abel Mena y José Morató, y un trío de metal.

Fueron muchos años de Beatles y la gente llegó a saturarse. El Soul comenzaba a ponerse de moda: Otis Redding, Roberta Flack y demás. A la gente parecía que le gustaba este cambio. Por eso, decidimos montar este grupo nuevo, un grupo de metal, allá por 1969, siempre bajo el nombre Los Huracanes, que fuera de los primeros en aventurarse con ese sonido. Todo esto coincidió con nuestra etapa en el sello Belter, donde editamos varios EPs y singles hasta el año 1972.
Con esta formación también tuvimos mucho trabajo. Todo el invierno por el norte: empezábamos a tocar en Bilbao, en todas las discotecas, de Bilbao pasamos a Asturias, Galicia… En esta época el grupo sonaba de muerte y el repertorio era casi todo de versiones, aunque intercalábamos alguna canción nuestra.
Recuerdo un viaje a Burgos, que fuimos contratados para hacer una semana en la discoteca Don Quijote y nos quedamos tres meses. El dueño estaba encantado con nosotros. Tocábamos todas las noches con la sala abarrotada. Aquel tío ganó pasta con nosotros. No había otra cosa allí y todo el mundo acudía a esa discoteca. Además, los domingos se hacían matinales allí mismo. Nosotros, de cachondeo, le llamábamos a aquello «la costa de invierno». Era muy raro para nosotros, pero la gente salía mucho, matrimonios y todo.
Luego, cuando llegaba el verano, nos íbamos a Ibiza o a Mallorca.

Eso que dices de Mallorca me lo has comentado alguna vez. Os tirabais meses actuando allí, ¿no?
Había temporadas que el 15 de mayo salíamos de Valencia hacia Mallorca. En Mallorca había una gran cadena de discotecas y clubs y nos tirábamos tocando allí hasta el 15 de septiembre. Volvíamos a Valencia, descansábamos 15 ó 20 días, y nos íbamos a Canarias a pasar el invierno.
¿Cuáles eran tus grupos favoritos españoles en aquella época?
Bueno, Los Salvajes tenían un buen directo. Me gustaban más en directo que en los discos. Al contrario que Lone Star que flojeaban en directo pero en disco me convencían más. Tony Ronald era muy bueno en directo también. Los Mustang sabían sacarle partido al rollo de las versiones de Los Beatles, también Los Sirex estaban bien. Todos estos tenían mucho nivel.
Tengo entendido que tuviste buena relación con algunas de las estrellas valencianas de la época: Bruno Lomas, Nino Bravo, Juan Camacho…
Sí, con Bruno tenía buena relación y a veces tomábamos alguna copa y charlábamos. A Nino Bravo lo conocía y hablaba con él, pero no se puede decir que tuviéramos amistad. La relación era cordial pero no estrecha. Con el que tenía mucha amistad era con Juan Camacho, era muy amigo mío. Otros buenos amigos eran Los Ángeles Negros, otro grupo de Valencia no tan conocido que acompañaba al Dúo Dinámico.
Cuéntame aquella anécdota con Miguel Ríos
Bueno, eran otros tiempos. Miguel Ríos todavía no había triunfado y estaba en Valencia sin un duro, le hacía falta pasta. Le presté cincuenta pesetas… Volvimos a vernos no hace mucho tiempo en unos Sanfermines, después de una actuación suya. Pasé a saludarlo a los camerinos y estuvimos riéndonos de aquello. Me debe cincuenta pesetas.
Hemos hablado de cuatro grandes solistas y se me ocurre preguntarte si en algún momento te propusieron emprender carrera como solista. Como hicieron con otros cantantes de grupos de los sesenta, como Lorenzo Santamaría…
Nunca me lo propusieron de una forma firme, pero precisamente Nino Bravo me comentó en alguna ocasión que, si yo quería, podía hablar con unos conocidos suyos de Madrid que podrían lanzarme como solista. Pero yo no me veía, a mí me gustaba salir bajo el nombre de un grupo, yo siempre he sido cantante de un grupo y me he sentido así más arropado.
¿Los Huracanes hicisteis televisión?
Sí. Hicimos tres o cuatro veces un programa que se hacía los sábados por la mañana en los Estudios Miramar de Barcelona, en el que tocaban muchos grupos. Había mucha censura. Si llevabas una pinta un poco rara y el pelo largo no salías, así como suena. Sin embargo, con las letras no se metían, porque cuando tú grababas un disco ya pasaba obligatoriamente por la censura. En Madrid hicimos varias veces el programa Escala en HI-FI y un programa de los sábados presentado por Raúl Matas en el que estuvimos también en unas cuantas ocasiones. Una de ellas, recuerdo que estuvimos con Micky y Los Tonys. Con Los Pekenikes coincidimos en otra ocasión. Éstos eran bestiales, lo hacían muy bien.
¿Conservas algo de eso? Tiene que haber material de muchos grupos. Sin embargo, en TVE, cuando echan la vista atrás, a los sesenta, siempre sacan lo mismo: Los Brincos, Los Bravos y poco más…
Esas actuaciones son inencontrables. He llamado a Madrid, a Barcelona y parece ser que ha desaparecido o alguien se lo ha quedado. Dicen que todo este material se lo apropió un famoso locutor, muy famoso en aquellos años, pero bueno, eso son cosas que se cuentan.
¿Cómo evolucionó ese grupo de Soul hasta llegar al final?
Bueno, llegó un momento en que empezó a decantarse la balanza más hacia lo comercial. Por ejemplo, si veíamos que entre el público había bastante gente mayor, hacíamos más canciones lentas. Empezábamos a comportarnos más como una orquesta que como un grupo que quiere defender su repertorio; íbamos a por la pasta.
De todas formas, el grupo de Soul se deshizo, dos de los componentes se casaron y tuvimos que formar otro grupo parecido para continuar tocando en Mallorca. Allí, Santi, nuestro guitarrista de entonces, conoció a una chica vienesa que se empeñó en que teníamos que ir a tocar a Viena. Se llevó una cinta nuestra, gustó mucho, y nos fuimos a Viena, a tocar a un club en el que compartíamos cartel con una orquesta italiana. Allí la costumbre era muy graciosa: tocábamos cuatro canciones y parábamos cinco minutos. La gente consumía y volvíamos a tocar. Todo lo que tocábamos era ya absolutamente comercial. Pero nos pagaban muy bien. Yo cobraba 1.000 pesetas diarias y el alojamiento pagado, mientras que un trabajador en España podía ganar unas 10.000 pesetas al mes. Para que te hagas una idea. A través de un banco austriaco que había aquí en Valencia, yo le mandaba dinero a mi familia.
Sin embargo, acabaste dejándolo…
Sí, llegó un momento que tuve que planteármelo. Estuve tocando hasta el año 1974. Yo ya estaba casado con Isabel, mi hija ya tenía cuatro años, y la verdad es que estaba cansado del mundo de la música. Entonces sucedió algo que fue detonante para mí. Una de las condiciones que nos pusieron para tocar en Viena fue que no lleváramos mujeres, pero nuestro teclista de entonces se llevó a una sueca con la que estaba, incumpliendo la norma. Vivíamos todos en la misma finca y ellos discutían mucho. Una noche que volvíamos de tocar, esta mujer se había tomado un tarro de pastillas y estaba tumbada en el suelo. Imagínate. A las cuatro de la mañana se organizó un follón tremendo, llegó la policía y a nuestro teclista le encontraron en casa unas cuantas «piedrecitas». Conclusión: que nos expulsaban del país. Intervino el representante, a la chica le hicieron un lavado de estómago y la cosa se arregló al final. Pero yo dije que no seguía ya con el grupo ni con la música. Así que volví a casa y el batería tomó la misma decisión. Algunos de ellos se quedaron en Viena. Creo que Santi sigue allí y que todavía se dedica a la música.
Yo volví a Valencia unos meses antes de que muriera Franco y me puse a trabajar en el almacén de Bordados Casquel, la empresa familiar de uno de los primeros componentes de Los Huracanes, que antes ya he citado.
Después de abandonar el grupo, ¿te siguió interesando la música o acabaste harto de todo aquello?
Acabé bastante harto. Estuve un montón de años en los que, prácticamente, no escuchaba música, no me interesaba. Tampoco me interesaba cantar ni cantaba nunca, pasé muchos años sin cantar. Poco a poco, recuperé un poco la afición por escuchar música, pero mis gustos cambiaron un poco y me empecé a inclinar más por el Jazz, música de Fussion…
¿Y cómo vuelves a tocar a finales de los 90?
Fue un buen amigo que me decía: «están Los Sirex, Los Mustang y otros que han vuelto y vosotros, ¿por qué no?». Yo le decía que no tenía ganas, pero él insistía. «¿Y si te busco yo un grupo?». Así fue como encontró a una gente en Puerto de Sagunto y me decidí a probar. Yo ni siquiera sabía si podría cantar porque llevaba casi treinta años sin hacerlo. Fíjate, a mí me hacía mucha ilusión volver a tocar en directo porque yo nunca había tocado con equipos grandes, con grandes mesas. En mi época llevábamos un equipo de 120 W para cantar, como lo oyes. Aquello era mortal, que te cuenten lo que quieran, pero sonaba horrible, no se escuchaba nada.
Entonces aparecen Los 5 Ibéricos.
Sí, aquello con la gente de Puerto de Sagunto salió bien, pero era un poco pesado ir y volver para ensayar. Así que al final lo dejamos. Antes de dejarlo, hicimos una actuación en Roxy, que se anunció bastante.
Un día vi a Los 5 Ibéricos por la tele, cantando canciones de mi repertorio. Me sorprendió ver a unos tíos tan jóvenes haciendo estas canciones. Y en esa actuación en Roxy, Toni, el cantante de Los 5 Ibéricos, subió a cantar conmigo «Esta tarde a las siete». Así comenzó la amistad, nos planteamos hacer juntos el repertorio de Los Huracanes, nos pusimos a trabajar y nos han ido saliendo algunas cosas. Yo encantado con estos tíos, unos chavales jóvenes que están por la labor. Me lo paso muy bien con ellos.
Luego, he tenido la suerte de que Doctor Divago me llamaran para cantar una canción en su último disco (N del A: años después versionó «Días sin mañana» con ellos). Todas estas cosas te alegran un poco la vida y te mantienen activo. También he colaborado últimamente en el disco de un cantante melódico que se llama Jandro.
A lo mejor te parece raro, pero había pensado terminar la entrevista preguntándote por el futuro musical de Víctor Ortiz, no todo tiene que ser hablar del pasado…
Hombre, planes de futuro musicales no tengo, como comprenderás. Yo lo que busco a estas alturas es distraerme con esto, divertirme, y si surge alguna cosa, hacerla. Para mí es suficiente y está muy bien. Siempre en plan esporádico y tranquilo. Sobre todo para que no se me olvide esto de la música ni lo que se siente al subir a un escenario.


